Tomate

El tomate para consumo en fresco, es el tercer cultivo de importancia en superficie plantada, estimándose 5.463 has., concentrándose el 66% entre la región de Valparaíso y el Maule. No obstante, Arica y Parinacota es una región que ha manifestado un importante alza en su superficie debido a que se ha transformado en el casi exclusivo abastecedor de esta hortaliza durante los meses de julio y septiembre.

A nivel nacional y regional se produce una dinámica que permite tener oferta durante todo el año. En la zona central se tiene producción desde octubre a mayo, en invernadero y parrón, para luego complementarse con la producción desde el valle de Azapa durante los meses de mayo a noviembre.

Este cultivo ha tenido en los últimos años un desarrollo tecnológico importante (uso de nuevas variedades, portainjertos, entre otros), debido a que presenta una buena rentabilidad a diferencia de otros. Esto también se ha debido a la alta presión existente en las zonas productoras por plagas y enfermedades, uso de suelos sobreexplotados, entre otros, lo que ha derivado en la búsqueda de alternativas que permitan mantener o superar los rendimientos potenciales. Cabe mencionar que este cambio tecnológico se ha visto en forma notable en Arica y Parinacota, donde puede llegar a alcanzar las 180 toneladas por hectárea (50% adicional aproximadamente). 

La flor del tomate es hermafrodita, inclinada hacia abajo, sin néctar. La condición climática óptima para que se genere una buena polinización del tomate se produce a temperaturas entre 23 y 25°C. Bajo una condición típica de producción de este cultivo, en el cual están por encima de 32°C, se dificulta la autopolinización. A medida que va aumentando la temperatura se alarga el estigma, pudiendo verse fuera y ese alargamiento no permite que el polen segregado por el estambre caiga dentro del estigma. El uso de abejorros ha permitido que bajo invernadero se produzca un aumento de la cosecha del 25 a 45%, un incremento del peso del fruto de 20 al 65% y frutos menos susceptibles a sufrir daños en postcosecha.

Un movimiento de la flor es suficiente para hacer que el polen de los estambres se reparta por el estigma. Los abejorros hacen esto perfectamente colgándose de la flor hacia abajo, mordiendo con sus mandíbulas el compartimento de los estambres, para a continuación, activar los músculos del vuelo (sin mover sus alas) y así hacer vibrar la flor ("pollination-buzz"). 

Las marcas de las mordeduras se ponen en poco tiempo oscuras y le dan la seguridad al agricultor de que la flor ha sido visitada. Cuando hay pocas flores, puede ocurrir que las flores existentes sean visitadas muchas veces y a causa de las mordeduras se estropee el fondo de la flor (como en tomate cherry). Esto origina manchas acorchadas en la piel del fruto.

Plagas

Las dos más importantes plagas presentes en el cultivo son las mosquitas blancas y polilla del tomate.

En cuanto a mosquitas blancas, Trialeurodes vaporariorum y Bemisia tabaci están mayoritariamente en tomate y pimiento en la región de Arica y Parinacota, pero también la primera especie se encuentra a lo largo del país asociada a la mayoría de las hortalizas, ornamentales, flores, viveros y malezas. Por su parte, la presencia de B. tabaci, fue detectada por primera vez el año 1999, pero adquiere mayor relevancia a partir de 2007, año en el cual se genera una pérdida de hasta el 50% de la producción de tomate en el Valle de Azapa, lo que se atribuyó en gran parte a infecciones virales: virus del estríado amarillo de la vena del tomate (Tomato Yellow Vein Streak virus, ToYVSV). 

La polilla del tomate (Tuta absoluta), es una especie que ocasiona grandes pérdidas por ocasionar galerías tanto en hojas como la fruta. Una hembra puede llegar a colocar entre 50-60 huevos, de los cuales nace una larva (cuatro estados larvarios) y luego una pupa que cae al suelo. La duración del ciclo está determinada principalmente por las temperaturas, siendo de 76,4 días a 14°C y de 23,8 a 27°C.

Debido a la alta presión existente por ambas plagas, en todas las zonas productoras, se mantiene un alto uso de insecticidas, ocasionando resistencia a un gran número de ellos. El uso de distintas estrategias en forma integrada, entre las que se encuentran las barreras físicas (mallas antiáfidos, trampas pegajosas), feromonas en el caso de la polilla, enemigos naturales, métodos culturales, pesticidas selectivos, entre otros, permiten lograr mantener la plaga en niveles que no llegan a ocasionar pérdidas económicas.

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