Uva Vinífera

La actividad vitivinícola en Chile comienza en la época de la conquista española, al introducir la vid para abastecer su autoconsumo y el vino en misa. Los primeros viñedos registrados en la historia fueron aquellos plantados a principios del siglo XVI y, las exportaciones de vino chileno ya comenzaron a ser importantes a mediados del siglo XVIII.

Las características climáticas que han favorecido la producción son el poseer un clima templado-cálido con régimen de tipo mediterráneo de lluvias, altamente influenciado por la cercanía de la cordillera de los Andes y por el anticiclón del Pacífico. Un verano seco y prolongado, una radiación solar elevada y una amplitud térmica notable son tres características del clima chileno que permiten plantar vides viníferas entre los 30º y 36º de latitud sur. La amplitud térmica se debe, principalmente, a temperaturas mínimas muy bajas en época de madurez: entre los 8º C en la costa y los 14º C en el interior. La ausencia de lluvias en verano e inicios de otoño garantiza, además, condiciones sanitarias muy favorables, con bajísimo riesgo de enfermedades.

Chile cuenta con una zonificación vitícola geográfica o denominación de origen, basada en valles transversales, generalmente delineados por ríos importantes que fluyen de cordillera a mar. Esta zonificación divide al país en cinco grandes regiones vitícolas (Atacama, Coquimbo, Aconcagua, Valle Central y Región Sur) y 15 subregiones. El valle más al norte es Elqui y Limarí, con excelentes condiciones climáticas: valles bien ventilado y seco, con precipitaciones anuales llegan solo a los 130 mm. La frontera más austral de las zonas vinícolas chilenas transcurre a lo largo del río Bío Bío, donde se cultivan desde hace cientos de años las cepas rústicas uva del país y moscatel.

Las cepas tintas más plantadas son Cabernet Sauvignon, Merlot, Carménère y Syrah y, en las blancas, Chardonnay y Sauvignon Blanc. 

Carménère se ha transformado en un vino insigne chileno, cepa que fue descubierta en forma fortuita 1994 por el francés Jean Michel Boursiquot. El hallazgo se produjo cuando el experto revisaba cultivos de Merlot de la Viña Carmen, una de las más antiguas de Chile ubicada en campos del valle del Maipo. Esta cepa se creía extinta del mundo desde 1860 cuando fue devastada de las vides francesas por la filoxera. Se estima que el Carménère llegó a Chile desde Francia entre 1840 y 1890, escondido entre plantas de otras variedades como el Cabernet, Merlot y Sauvignon Blanc. 

Plagas

Es una especie que puede ser considerada como rústica, sin embargo, existen algunas plagas que pueden ocasionar grandes pérdidas económicas. 

La filoxera, parásito de la vid que ocasionó graves pérdidas a nivel mundial, no está presente en Chile debido a que no existen las condiciones óptimas a nivel de suelo como lo es la cantidad de arena existente en las zonas productoras. 

Las plagas más comunes son la arañita roja de la vid (Brevipalpus chilensis) y el coleóptero burrito de la vid (Naupactus xanthographus). 

La falsa arañita roja de la vid (Brevipalpus chilensis), es un ácaro nativo que tiene amplia gama de hospederos en los cuales se desarrolla entre frutales, malezas y ligustrino. En cepas de vino alcanza elevadas poblaciones, siendo las más susceptibles Pinot, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Chardonnay, Semillón y Merlot. A inicios de brotación emigran a las yemas pudiendo afectar su fertilidad. Posteriormente, colonizan las hojas y el raquis, donde ocasionan severas necrosis y, en ataques intensos, deshidratación afectando el tamaño y nivel de azúcar en las bayas.

El burrito de la vid es una plaga que en los huertos en que está presente, los estados larvarios producen serios daños en las raíces y los adultos a nivel foliar, lo que puede derivar en pérdida de brotes o plantas cuando son severos.

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